A merced del alisio

Ignacio Romero

SOCO

Rumio a rebufo del obstinado viento
tumbado sobre la granulada arena
sintiendo el duro azote a barlovento
perpetuo desgaste de invisible fiera.

Pared de piedras secas estables
oasis de la cruzada brisa
rincón de aislados frutales
brillantes flores de fugaz sonrisa.

Inmerso en este útero rocoso
lunas crecientes de roto basalto
secuencias de un esfuerzo doloroso
gestador de sueños de futuro abstracto.

Vivo agazapado en el afable soco isleño
como las parras e higueras en La Geria
admiro lo construido por mis abuelos
sabios abrigos de lucha contra la miseria.

 

 

NUESTROS ALISIOS

Silban atlánticos dioses
ordenan la superficie isleña
colocan la bruma y los bosques
mueven dunas de fina arena.

Soplan transportando insectos y aves
polen, esporas y diminutas semillas
mueven con arrebato las olas de los mares
tafonizan el duro basalto sin orchilla.

Arrullo musical del espacio insular
regalan frescor, quitan calma
polinizan de forma singular
riegan sutilmente el alma.

Colocan vanos en las casas
alientan velas con destino
mojan la tierra labrada
giran las aspas del molino.

Sabemos cuando están y cuando se van
invisibles zarandean o acarician
su ausencia genera tensa espera
un deseado retorno de buenas noticias.

 

 

Poemas del libro “A merced del alisio”