Yo, al igual que muchas personas, tengo mis complejos. Tengo más libros que paciencia y por lo tanto menos cultura y conocimientos de los que quisiera. Es por ello que me fascina escuchar debatir a elocuentes oradores en acaloradas tertulias. Admiro la habilidad argumental y lucidez de sus exposiciones, la destreza con la que plantean y defienden sus postulados, brillantez que en ocasiones roza lo artístico. Como digo, me fascina escucharlos, pero jamás me creo todo lo que dicen.
No me fío de ellos por la siguiente razón. Recuerdo discutir con mi hermano menor siendo los dos muy pequeños. Recuerdo también cómo, gracias a la diferencia de edad, era capaz de argumentar incluso en las disputas en las que claramente yo carecía de razón. Bien, en aquellos casos era mi hermano quien poseía la razón, pero no la capacidad de expresarse adecuadamente, así que esa situación la aprovechaba de manera mezquina en mi beneficio. Recuerdo que, ante la impotencia argumental, su presión sanguínea aumentaba frenéticamente, sus fosas nasales recordaban las agallas de un pez sin agua y sus ojos, enrojecidos por la ira, anunciaban la inminente embestida. Entonces, ya enloquecido, se lanzaba sobre mí girando sus pequeños brazos en forma de molinillo. Yo, en ese instante y siendo más corpulento, lo reducía sin esfuerzo en el suelo, mientras alertaba en voz alta a mis padres para que acudieran urgentemente a presenciar la escena. Como se puede imaginar, desde ese instante, la furia de mi pequeño e impotente hermano eclipsaba el origen de la discusión, lo prioritario era reducir al “broncas”. Él, atragantado por la ira, era incapaz de articular palabra, así que yo aprovechaba nuevamente ese silencio para relatar y describir con serenidad, pedantería y firmeza, la agresión de la que había sido objeto: “No lo entiendo, estábamos hablando y sin mediar palabra se ha abalanzado sobre mí...”.
Recuerdo también, y esto es lo más importante de la historia, que era capaz de mentir con tal de justificar mi mal comportamiento ¡y no solo ante mis padres!; el problema era que llegaba a hacerlo ante mi propia conciencia y esto es lo verdaderamente peligroso. Porque el ser humano es más animal que humano; la sensibilidad, la empatía y la reflexión son las que nos dota de humanidad.
Ahora se trata sencillamente de escalar y extrapolar esta historia a otros ámbitos de nuestras vidas.
Estoy cansado de presenciar injusticias y que algún hábil abogado, tertuliano, político o economista las justifique gratuitamente; estoy asqueado de comprobar que el mensaje obsceno del individualismo lo promuevan precisamente quienes exprimen y viven de los colectivos; estoy espantado por la violencia ejercida contra quienes denuncian la violencia. Me repugna quienes babean públicamente la palabra “democracia” para más tarde despreciarla en privado; detesto el servilismo cobarde de pesebre, chequera y salón de muchos periodistas e informadores; me duelen todas y cada una de las carcajadas de los putos sátrapas asesinos de sueños; odio que me arrebaten la razón con la palabra, porque quienes manipulan la palabra, nunca tendrán razón.
Cuando éramos niños mi hermano alcanzó a encajarme alguna que otra buena hostia... sin duda me la merecía.
Tengo un perro que come moscas, ronca y se tira pedos. Entre sus grandes pasiones destaca la de ladrar inexplicablemente a ciertas piedras y forcejear tenazmente con su peluche... lo sé, no es el más listo de la camada y eso lo hace entrañable, me cae tan bien que ha terminado por convertirme en su mascota. En una ocasión me preguntaron el motivo por el que tenía perro: dulce y tierno contesté que me “encantaban” los animales. Pensándolo detenidamente la verdad es que es mentira, tengo un perro por la razón que otorga el egoísmo; tengo un animal porque soy un animal, soy tan animal que como otros animales, soy tan egoísta que me entristece sobrevivirle. Lo único cierto es que mirarlo me hace feliz y acariciarlo más humano.
La instrucción de ciertos ejércitos pasaba por convivir en los barracones con diferentes cachorritos para posteriormente, cuando el cariño empapaba los uniformes, degollarlos lentamente. Con este ritual comenzaba la deshumanización de los futuros “guerreros”. Un cerebro capaz de maltratar es capaz de torturar y un cerebro capaz de torturar es capaz de asesinar. No quiero detenerme en las repugnantes y arraigadas fiestas populares donde el disfrute está basado en la sádica y patológica tortura de indefensos animales, tengo la certeza de que semejante anacronismo avergonzará a generaciones venideras.
Creo que pocas cosas son tan desoladoras como la mirada penetrante y aterrada de un animal torturado, maltratado o abandonado; es la mirada de un náufrago sin auxilio, la expresión de la incomprensión, la fotografía de la inocencia… es la mirada humana de los animales, desgraciadamente es la idéntica y desgarrada mirada que se puede encontrar en demasiados rostros humanos.... miradas contrapuestas a la miopía e indiferencia de ciertas conciencias apáticas de sociedades disfuncionales, así la injusticia se alimenta por nuestra incapacidad de empatizar con el sufrimiento ajeno...
... les dejo, alguien se está comiendo mi zapato.
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PORTADA: NU2
Existen días en los que uno se siente raro, tus manos son incapaces de tapar el sol y el reflejo que devuelve el espejo apenas se te parece. Contemplas la mañana como un atardecer y cuando lo haces, entiendes muchas cosas que no comprendes: decides saludar a tus amigos como a tus desconocidos prefiriendo caminar silbando a pasear conversando, sin buscar absolutamente nada, confías encontrar algo. Cuando disfrutas de ese autismo anímico nadie puede entrar... un día raro.
En un día raro, veo todo muy, muy raro... en plena catarsis neuronal cualquier extravagancia sugerida por el cerebro toma sentido; pienso que el mundo es enano y eso me hace sonreír, adopto pose tipo transcendental mientras reflexiono y me hago gracia, miro a un perro que no me habla y me siento solo. En un día de estos te sientes más cercano a lo lejano que a lo conocido.
En un día raro escribes esto:
En esta tierra oxidada
sobre un manto de caviar disecado
espero tranquilo.
Retomaré sendas de lava
en la noche huérfana de luna,
deambularé entre cadáveres retorcidos
confundiendo con negro al destino,
destino de otros mares,
atardeceres desconocidos.
Beberé de tu comisura
siete lágrimas que broten,
emprenderé esta vereda sin camino
para demostrar que sigo caminando
para creer que quizás existas.
No sé qué estoy escribiendo...
Cuando estás raro, esto te parece ingenioso. Cuando estás raro, todos sois raros.
DIRECTOR, Fernando Barbarin
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PORTADA: NU2
Una dulce anciana preguntaba a su arrugado marido: “cariño, ¿recuerdas cuando te preguntaba te acuerdas, y nos acordábamos?”.
No sé si estoy en el principio, ecuador o final de mi vida, pero lo cierto es que empiezo a ser consciente de que olvido, y eso me preocupa, reconozco que mi temor no es tanto por olvidar sino por el día que no pueda recordar.
Siento como con el paso de los años, el tiempo comienza a erosionar mi memoria limando detalles, anécdotas y experiencias, no por abundantes sino por lejanas. Me preocupa desprenderme de olores y canciones, me duele perder caras y cromos, me fastidia que se esfumen odios y perdones, me aterra que se desvanezcan vivos y muertos, me entristece perder miradas y lágrimas, me jode no acordarme de lo que que me acordaba. La memoria nos sirve para no meter los dedos en los enchufes y para no regresar nunca a un mal restaurante, pero en ocasiones una buena memoria es el recurso perfecto para poder perdonar y por consiguiente olvidar.
Admiro a todos aquellos que perdonan y olvidan porque en ellos radica la inteligencia; maldigo a todos los que se aprovechan de los que olvidan y perdonan, porque ellos representan la mezquindad; me lamento por todos los que, como yo, no perdonamos y si en algún momento olvidamos es por un desgaste neuronal; y desconfío de los que perdonan sin olvidar y olvidan sin perdonar.
No puedo perdonar a quienes perdonan todo, no puedo olvidar a quienes se olvidan de los que verdaderamente perdonan.
El día que perdone y olvide a todos los tiranos intelectuales, déspotas uniformados y estranguladores de sueños, enterraré mi cerebro en la arena.
En recuerdo a todos los olvidados.
DIRECTOR, Fernando Barbarin
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Yo no sé cuánto vale el dinero, pero sé que no vale lo que cuesta; tampoco sé si sirve para todo, pero lo cierto es que casi todo tiene un precio. De lo que estoy seguro es que puede ser motivo y solución de un mismo problema, como por ejemplo el hambre. Yo, al igual que algunos economistas, no tengo ni idea de economía, pero creo que es un grave error apuntalar la felicidad en función del poder adquisitivo o la capacidad de consumo, ya que cuando se tambalean esas frágiles estructuras el pánico se extiende rápidamente como una epidemia. La crisis no azota por igual a todos, pero todos hablan de ella con igual intensidad; el presidente de una gran compañía puede compartir las mismas horas de insomnio y preocupaciones que el segurata de una de sus empresas, aun siendo las consecuencias para ambos tan absolutamente incomparables. Hay quien se siente infeliz viendo encoger su gran patrimonio, hay quien lo es porque este año no podrá cambiar de modelo de automóvil, otros por no poder salir este sábado a cenar a un restaurante y para otros muchos, sencillamente porque mañana tiene forma de interrogante. Vivimos en una felicidad comparativa, donde el consumo se ha adueñado de nuestros sueños y ha desplazado nuestras necesidades reales. Es como aquel magnate que disfruta de su flamante embarcación hasta el preciso instante en el que se le atraganta el caviar observando como un yate de mayor eslora fondea a su lado. Ahora un niño no es más feliz por tener la PlayStation 3, pero seguramente se sienta desgraciado por no tenerla. No quiero parecer un “guay”, lo que pretendo decir es que esta crisis viene precedida por otras crisis, ¿intelectuales?, ¿políticas?, ¿de valores?. Eso sí, es ahora cuando las verdaderas fauces de la economía devoran a su paso derechos y libertades, desgarrando en cada dentellada proyectos sociales, culturales y medioambientales. Estas victimas no reciben ningún tipo de auxilio ya que el miedo ha paralizado hasta al más bravucón del barrio. Supongo que el dinero es un concepto, y la moneda una herramienta para que los consumidores podamos entenderlo. Una última cosa, ¿dónde está nuestro dinero?
DIRECTOR, Fernando Barbarin
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A Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago...
Pude leer en una entrevista estas declaraciones en relación a la fundación que presides: “la entidad no será neutra y tomará partido por grandes y pequeñas causas” , porque “somos humanos y todo lo que es humano nos interesa, por lo que no habrá asuntos políticos, económicos, sociales, culturales y del ambiente que nos resulten ajenos”.
Estas declaraciones, sumadas al hecho de que residimos en la misma isla, nos animaron a ponernos en contacto contigo hace ahora... dos años y medio. Durante este tiempo he acudido cada dos meses puntualmente hasta la puerta de tu casa para hacerte entrega de nuestra revista y solicitar una reunión para tratar posibles colaboraciones. Para ello he invertido, sumando cada trayecto, más de doce horas al volante y he recorrido unos ochocientos kilómetros. Te daré más datos: en estos años hemos publicado 34 artículos medioambientales, 45 reportajes culturales, la obra de más de 150 artistas entre poetas, pintores, escultores etc. Colaboramos con organimos ecologistas de ámbito nacional e internacional, biólogos, y asociaciones culturales, incluyendo diferentes campañas de sensibilización. Todo esto para editar una publicación gratuita y de interés cultural y medioambiental dirigido a toda la sociedad y, para ello, quienes realizamos este proyecto nos dejamos, créeme, la piel en cada número.
Esto es entre otras cosas lo que he pretendido trasladarte durante estos años en cada estéril visita. Sería legítimo y respetable que, en algún momento, dedicaras sesenta segundos para telefonearme y, sin complejo alguno, declinar nuestra solicitud de audiencia. Lo aceptaremos como lo hemos hecho con tantos otros organismos e instituciones. Como verás, se trata más de un tema de cortesía o respeto, lo que no es de recibo es esa lamentable indiferencia hacia un colectivo. De vez en cuando hay que remangarse y no solamente pisar circuitos bien pavimentados e iluminados por flashes y focos. Mi consejo para ti y otros como tú, sería que en algún momento levantarais la cabeza para aseguraros de que, por el camino, no se ha desprendido la bandera que durante tanto tiempo enarbolasteis, tal vez os sorprendáis empuñando únicamente un manoseado y solitario mástil.
Pilar, uno tiene su corazoncito.
DIRECTOR, Fernando Barbarin · nu2@nu2.es
DIRECTORA DE ARTE, Guadalupe Carracedo · arte@nu2.es
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Nunca olvidaré la fabulosa adaptación de dibujos animados sobre las aventuras y desventuras del ingenioso Don Quijote de la Mancha. Yo por ese entonces contaba con la edad justa para no diferenciar el lunes del viernes, el otoño de la primavera, el amor del cariño... un dibujo animado de la realidad. Por ello disponía de la inocencia necesaria para disfrutar y saborear desde el primero hasta el penúltimo de aquellos geniales episodios… digo penúltimo, puesto que el capítulo final fue el que me arrebató despiadadamente parte de mi infancia, aún puedo ver mi pequeña cabecita apoyada sobre la cálida y confortable panza de mi padre frente al televisor, y ahí, en su interior se encontraba mi querido y altruista Don Quijote... postrado en una cama, viejo, enfermo, y resignado… nunca me podía imaginar aquel fatal desenlace, no me refiero a la inevitable llamada de la parca, no, me refiero al momento que antecede a su muerte, donde recobra la estúpida cordura y bajo una cuestionable lucidez, se arrepiente y lamenta de todas aquellas fantásticas y geniales aventuras vividas y de las cuales de alguna manera me hizo cómplice. En su lecho de muerte se despide rogando el perdón a todos aquellos a los que involucró en sus fantasías. Ese día apunto estuve de ahogarme en mis propias lágrimas, el muy cabrón me dejó huérfano de sueños e ilusiones, la gente ya sólo veía molinos. Se dice que Don Quijote estaba loco, “loco” o “locura” son uno de los más ambiguos términos de nuestro vocabulario, no pretendo ensalzar las disfunciones neuronales ni caer en el simplismo de asegurar que los verdaderos locos están a este lado del muro, a lo que me refiero es que en muchas ocasiones gratuitamente se tilda de loco a “algo” o a “alguien” condicionado por un amasijo de prejuicios, pautas culturales, doctrinas y fantasmas. Para unos es una locura poner la vida en peligro por defender unos derechos y para otros es una locura permitir que se conculquen dichos derechos, para unos es una locura las diferencias sociales y para otros no diferenciarlas, para unos es una locura creer que el mundo puede cambiar, en cambio para otros es una locura pensar que alguien creó el mundo, para unos es una locura el precio del kilo de angulas y para otros que exista hambruna, para unos es una locura una vida sin lujos y para otros es un lujo poder vivir una vida loca, en definitiva, para nosotros los otros están locos, y para locos, nosotros.DIRECTOR, Fernando Barbarin
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–¡No puede ser que nadie lo sepa!, repito... ¿qué país no contiene en su nombre la letra E?, tenemos 32.350€ esperando para quien llame con la respuesta correcta... ¡¡¡están todas las líneas abiertas!!!–
Esto vociferaba un presentadorcillo sin escrúpulos en un programa matinal televisivo. Frente al televisor, miles de personas vulnerables por su edad o condición intelectual, viendo pasar minutos de una tarifación astronómica con el teléfono en la oreja y la respuesta en la boca, esperando una entrada en directo que jamás llegará... esta es la porquería de televisión que campa a sus anchas en nuestros hogares. Lo sé, es tan sencillo como apagar el televisor, el problema es que con mi dedo tan sólo puedo apagar el mío.
Con la actual programación televisiva, un cerebro en proceso de aprendizaje es permeable a valores y comportamientos anacrónicos, violentos, sexistas, racistas y clasistas que se filtran a través de ciertos programas. Ahora todo consiste en nominar a adolescentes lloricas, reunir en un plató a enanos intelectuales para entrevistar a imbéciles cachas–tatuados, airear públicamente las desgracias de gente sin recursos, vender productos adelgazantes para vagos y consumir los diferentes informativos politizados de cada cadena. ¿Cuál es la función de los medios de información en la sociedad? ¿La desinformación como medio para crear una sociedad disfuncional?
En la televisión los héroes no vuelan, matan... en las tertulias no hablan, gritan... la gente no es buena, está buena... los periodistas no preguntan, interrogan... los informativos no informan, mienten... no anuncian, venden... los famosos no son respetables... son idiotas; la televisión no sólo entretiene, desgraciadamente nos dirige.
Viendo la televisión uno puede pensar que un homosexual es un tipo poco agraciado con perilla y camisa hortera que grita en un programa del corazón, que una mujer exitosa es la que apoya la barbilla sobre unas tetas operadas, que un inmigrante es un desarraigado que se dedica a tiempo completo a ser infiel a su pareja, que la violencia es necesaria si con ello sonsacas información al detenido para salvar al mundo, que tener un buen móvil es más importante que tener un buen amigo, que sólo los países que ellos nos señalan son gobernados por tiranos, que si no acatas, obedeces o tragas, finalmente te nominan.
Yo veo la televisión, y lo que veo y más me preocupa, es que nuestros párpados pierden poco a poco la capacidad de sobresalto ante lo que vemos, y aquí radica el verdadero peligro: normalizar lo que no es normal.
Si quieres que que deje de escribir envía un SMS con la palabra “SETEVALAOLLA” al...
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PORTADA: NU2
Para mí, uno de los mejores momentos del día es cuando finaliza... una vez en la cama, los breves segundos que anteceden al sueño son extraordinarios, el cuerpo desoye la gravedad, los párpados sabiendo de su inutilidad, caen rendidos sin resistencia. Esos segundos no tienen medida de tiempo, puedes sentir cómo todo lo que te rodea pasa a formar parte de un decorado sin importancia, la oscuridad se apaga y el raciocinio se desvanece dando paso a la creatividad. Es en ese instante cuando el cerebro aprovecha la noche para actuar sin ser observado y disfrutar sin ser juzgado, probablemente esos instantes representen la verdadera libertad del ser humano. Yo tengo sueños malos y sueños buenos, he llegado a soñar cómo un desalmado me apuñalaba sintiendo el frío metal entre mis intestinos, y les aseguro que eso duele. Pero hace pocos sueños, recibía otra visita con mejores intenciones, unas manos femeninas sujetaban suavemente mi cuello y con delicadeza me hacían entrega de un delicioso beso con sabor a lágrima, menta y azúcar, un beso de esos que no se olvidan, pareciera que ese beso se hubiera preparado detenidamente antes de su entrega, entrega que curiosamente provenía de unos labios inaccesibles para mí durante el día... cuando despiertas, tu pecho se inunda con una extraña sensación de resaca sentimental y emocional.
A través de los sueños puedes visitar y abrazar a los ausentes, caminar desnudo a lomos de un elefante azul, puedes ser un anti–héroe, llorar hasta encharcar tu almohada, hacer el amor sin sexo, tener mucho sexo sin amor, conocer a otro tipo de desconocidos, estrangular a tu jefe, viajar sin pesadas maletas, sentarte en tu viejo pupitre de escuela, bucear entre nubes y ron, o ser lapidado por treinta y siete notarios sin corbata... reconocerán que durante el día nuestras posibilidades se estrechan considerablemente en una rígida trenza de pautas, complejos y barreras. Creo sinceramente que los sueños son una herramienta natural para no volvernos locos cuando estamos despiertos, digamos que son el aliviadero natural nocturno del pantano de nuestro social diario. Los sueños son tan flipantes que nunca me ha interesado interpretarlos, comprenderlos o desencriptarlos, creo que ese esfuerzo prefiero dedicarlo a lo que ocurre durante el día a mi alrededor.
La privación del sueño es uno de los más efectivos métodos de tortura, y la prohibición y esterilización de los sueños la más cruel de las pesadillas.
Hace ahora cuatro años que tiré mi despertador.
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PORTADA: NU2
Hemos cumplido dos años, y con tal motivo hemos decidido celebrarlo entrevistando, como no podría ser de otra manera, a un Pez...
Buenos días señor Pez, ¿conoce la revista NU2?
– ¿NU2?
Sí, la que tiene unas portadas donde se fusionan el mar y el arte...
– Aaaah siiii, la de las portadas... ¡sí que la conozco!, ¿cómo dice que se llama?
NU2... quisimos hacer un juego de palabras haciendo alusión a los nudos marinos y a la medida náutica, de ahí el nombre NUDOS.
– Pos no se entiende.
Ya. [...] Pero bueno, dice que la conoce, ¿que opinión le merece?
– A mi me gusta mucho, las fotografías son “mu” bonitas... pero ¿cómo la financian?
Oiga señor Pez, la entrevista la estoy haciendo yo...
– Ya, ya, pero a mi me han dicho...
¡Pues están equivocados! La revista la realizamos personas vinculadas y motivadas por la cultura, el arte, el medioambiente... y se financia a través de la publicidad. Pero bueno, retomemos la entrevista, ¿qué sección le gusta más?
– A mi me gusta mucho la de las pinturas y esas cosas de artistas, aunque por lo que me toca, también me gusta la de medioambiente... la gente es mu guarra, ¿sabe usté? y están dejando todo esto hecho un asco.
¿Y a qué creé usted que se debe?
– Pos yo creo que mucha gente no sabe que hay vida aquí abajo. Para que me entienda, es como si yo entro en tu dormitorio para hacer un asadero y me voy dejandote la habitación desordenada y llena de mierda.
Veo que es un tema que le afecta...
– Si, eso y algunos que andan jodiendo demasiado con los anzuelos.
Hombre, ¿pero no todo será malo ahí abajo?
– No, la verdad es que también suele venir gente a observarnos, cuidarnos, e incluso a llevarse la basura que otros antes han dejado botada.
Señor Pez, ...debo confesarle que yo en ocasiones suelo comerme a compañeros suyos...
– ¡Nos ha jodido, ...y yo! Pero nosotros aquí abajo nunca matamos más de lo que necesitamos comer, ¿es que usté nunca ha oído hablar de la cadena alimenticia y el equilibrio natural?
Para finalizar, ¿quisierá apuntar algo?
– Sí, que esa barracuda nos está mirado con ojos golositos...
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PORTADA: NU2
Un día, te sorprendes frente al espejo a una distancia tan corta que tu propia cara te intimida. Mientras te observas, con ambas manos tiras de unos extraños pliegues alojados en tu frente confiando que tras el estiramiento desaparezcan... son arrugas. Ese día cumples treinta y tantos y ya eres un tipo mayor. Tu primera reacción es buscarte ese parecido de “madurito interesante” al cual las arrugas le imprimen atractivo, pero no pasan ni 30 segundos cuando tu argumento se desmorona y eres consciente de que lo que realmente pareces es una cara usada. Ese día llega sin avisar, llega como ese último día que tras jugar con tu tren de madera lo metiste en un armario y ya nunca más lo utilizaste. Esta edad aparentemente no sirve para nada, es la transición entre la curiosidad y la soberbia, entre el tú y el usted, entre los pectorales y las tetas, los abdominales y la barriga. Te conviertes en un chaval para los viejos y en un viejo para los chavales, y ya ninguno de ellos te escucha. Así que llegado este momento, haces un paréntesis para analizar y reflexionar sobre lo vivido hasta la fecha.
Yo nunca he sabido a donde llegar, pero desde niño he tenido muy claro a donde no quería ir, y lo más importante, sabía que cosas no quería “ser” ni “hacer”. No quería una vida sustentada en lo material, ni ser yo mismo un material moldeable por las manos que desprecio. No quería que mi sensibilidad se curtiera por la dureza del camino, esperaba enamorarme una vez al mes y cabalgar junto a don Quijote. Todo esto es lo que quería porque me aterraban las vidas programadas y sobre todo aquellos que las programan. Ahora, a los treinta y tantos la gente espera de tí otras cosas. Ya no tienes cara ni de aprendiz ni de novio, y por ello, a la sociedad le gustaría que hubieras formado una familia, crecido profesionalmente dentro de la empresa y poseyeras algún apartamentito donde pasar la segunda quincena de agosto. Si no posees por lo menos dos de estas tres cosas te pueden llegar a mirar raro. Espero que nadie me mal interprete por lo que digo, yo puedo llegar a admirar a quienes disfrutan de la vida de esa manera, los que me preocupan son todas aquellas mujeres y hombres que lo hacen por presión, inercia o cierta conveniencia. Por contra, también me preocupa que cortarse el pelo o no gritar a pulmón abierto lo que piensas, se interprete como un acto de madurez. Admiro a todas las soñadoras y soñadores que hacen que esta vida sea más justa y divertida.
Si tuviera pelo, me dejaría coleta.
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PORTADA: NU2
Reconozco mi incapacidad para expresar a través de las palabras el dolor y rabia que siento en estos momentos. Veinticinco hombres, mujeres y niños han perdido la vida a cien metros de la mía. Esos cien metros separaban dos realidades, una la que queremos creer y otra la que debemos saber. Queremos creer que se trata de un problema sin solución del cual nosotros no somos responsables. Queremos creer que nuestros países participan en diferentes programas de ayudas al desarrollo, pero no queremos saber que nuestros gobernantes reciben y estrechan sanguinarias manos de siniestros dictadores de nuestra vecina África, es más, no queremos saber ni sus nombres, ni el nombre de sus países, ni los nombres de los millares de asesinados, torturados y desaparecidos en ese continente...
continente, que un día nosotros dividimos con escuadra y cartabón y que ahora vive en la sombra y el olvido. Queremos creer que las luchas internas de “esos países” son salvajes e inhumanas pero no queremos saber que las libran con nuestras armas y que entre conflicto y conflicto, nos beneficiamos comercialmente de sus materias primas. Queremos creer que nos preocupa el fenómeno de la inmigración pero no queremos saber el verdadero motivo que lleva a una persona a dejar atrás, a sus seres queridos, su tierra, su cultura y embarcarse en un peligroso viaje para convertirse en muchas ocasiones en un “muerto de nadie”... queremos creer que son países pobres, pero no queremos saber que su mayor desgracia es precisamente que muchos son potencialmente ricos.
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PORTADA: NU2
Por lo general a los seres humanos nos aterran muchísimo, los cambios, lo diferente, lo desconocido o sencillamente aquello que no entendemos. Creo que en gran medida esto se debe a que en el fondo seguimos siendo monos. Cuentan como en un experimento introdujeron a varios primates en un recinto cerrado. En el centro de aquel lugar había una escalera donde un sabroso plátano presidía el último peldaño, cuando alguno de esos primates intentaba alcanzar el tesoro, todos eran inmediatamente rociados con varios chorros de agua, obligándoles de esta manera a “comprender” que debían desistir en el intento. Al tiempo, sacaron a uno de ellos sustituyéndolo por un nuevo compañero, el cuál nada más entrar pretendía alcanzar aquel codiciado manjar, digo pretendía, puesto que el resto de simios sabiendo del desenlace se lo impedía a limpio guantazo. Siguieron con las sustituciones y el resultado siempre era el mismo: cada vez que un nuevo primate intentaba subir la escalera, era despiadadamente caneado por el resto. Llegó un momento en el cual no quedaba ningún mono de los que entraron por vez primera, y aquí viene la parte curiosa del tema: a pesar de desconocer el motivo, seguían liándose a tortazos cuando un nuevo compañero intentaba alcanzar el plátano.
No se si eso es el comienzo de la cultura o de la tradición, lo cierto es que desgraciadamente me recuerda mucho a muchas cosas. Pienso que faltan nuevas preguntas y sobran viejas respuestas, faltan nuevas ideas y sobran viejas ideologías, faltan nuevas ilusiones y sobran viejas religiones, faltan nuevos colores y sobran viejos colorantes, faltan nuevos sueños y sobran viejas pesadillas, faltan nuevos principios y sobran viejos príncipes, faltan nuevos amantes y sobran viejos militares, faltan nuevos jóvenes y sobran jóvenes viejos, faltan nuevos boleros y sobran viejos toreros, faltan nuevos afortunados y sobran viejas fortunas, faltan nuevos tiempos y sobran viejos temporales, faltan nuevas heroínas y sobran viejas meninas, faltan nuevas miras y sobran viejas mentiras, faltan nuevas letras y sobran viejas recetas, sobran viejos prejuicios y faltan... muchas cosas. La tradición puede estrangular la cultura y la cultura puede extinguir la tradición, y ambas conjuntamente pueden aniquilar la reflexión. Supongo que alguno de esos macacos defendería que nadie puede subir a la escalera por que la tradición “así lo dice” y otro argumentaría que son sus “modos de vida y costumbres”, apostillando que todo aquello forma parte de su cultura. Los dos desconocen profundamente el verdadero origen, pero son capaces de inflarse a tortazos si alguien pretende cambiarlo. Como decía, nos aterra lo desconocido y siempre queremos una respuesta rápida, así que muchos buscan refugio argumentativo en la política o en la religión. El problema es que hay políticos que parecen religiosos y religiosos que parecen políticos.
A mi me da en la nariz que lo único que pretenden es proteger su “plátano”, ¿y a ti?
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¿Alguna vez has mirado tan fijamente a alguien conocido que su cara termina por ser totalmente irreconocible, o has repetido tanto una misma palabra que su significado desaparece entre tus labios? A mí a veces me ocurre eso con muchas cosas. Hay días que cierro los ojos y pienso como sería mi vida sin ellos... al cabo de unos minutos los abro como se abre la boca tras permanecer sumergido bajo el agua, en ese momento me siento muy feliz y afortunado por poseerlos, en cambio hay otros días que me entristece lo que mis ojos ven y otros simplemente quisiera tenerlos de otro color. Así que he asumido, y me alegro por ello, de que en esta vida no existe absolutamente nada que permanezca estático. Ni tan siquiera los objetos muertos, todo cambia o puede cambiar dependiendo de las ciercustancias. Observar tres hielos en un vaso de agua o contemplar un simple kiwi se puede convertir en una fenomenal experiencia o en una perfecta tonteria, pongamos por ejemplo el mar. Un día puedo mirarlo y no ver nada, otro me fijo más y veo que está subiendo la marea, a veces lo observo y compruebo como modifica su forma y color, pero otro día lo contemplo con detenimiento y me convierto sin darme cuenta en su bello sireno. Nada es fijo ni permanece quieto, a nadie le sienta igual el mismo vino de igual manera que el mismo vino no siempre te sabe igual, las notas de una melodía pueden modificarse mientras las absorve tu oído, esa persona tan importante para tí, un día deja de serlo, pero otro día descubres la belleza de cien tuneras atardeciendo, te puede emocionar con lo que te hacía reír, hay cosas que pierden su gracia y muchas otras no te preocupan, y eso que pensaste que era para siempre hoy definitivamente lo has olvidado... Se puede observar atentamente un objeto o una situación, y es algo que pienso que deberíamos hacer con más frecuencia, ya que vivimos muchas situaciones de manera normalizada cuando en realidad no lo son. Como quien dice, hasta ayer, para los blancos era normal que las personas de raza negra tuvieran que viajar en la parte trasera de las guaguas, o para los hombres que las mujeres estuvieran privadas del derecho a voto. Para muchos hoy es normal la esquilmación de los océanos, el derroche energético o la extrema pobreza. ¿Hay qué esperar a mañana para ver cúantas cosas de hoy nos parecerán inconcebibles?. Todo cambia, hasta esto que he escrito, si lo relees en otro momento puede que sea distinto.
Nunca se mofen de una persona contemplando algo, probablemente esté en un “lugar” donde nosotros no hemos sabido llegar.
DIRECTOR, Fernando Barbarin
DIRECTORA DE ARTE, Guadalupe Carracedo
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Aquí me encuentro, en la habitación 236 de la segunda planta del Hospital Doctor Negrín de Gran Canaria, el motivo: me he sometido a una intervención quirúrgica que podría devolverme mi añorado olfato. Para mí el olor ha sido uno de los principales vehículos para recordar de manera nítida algún momento de mi vida, prueben a cerrar los ojos y con detenimiento huelan una goma de borrar, verán como se transportan a su vieja aula rodeados de antiguos compañeros de clase.
Y hablando de sentidos, quisiera hablar sobre otro muy importante: la vista. Al igual que en el olfato existen aromas extraordinarios y hedores nauseabundos, con la vista ocurre lo mismo. Soy consciente de que mucha gente banaliza sobre el papel que desempeña el arte y los artistas, y que muchos artistas banalizan sobre muchas cosas, pero de lo que yo les quiero hablar es de algo muy sencillo: la importancia e influencia del arte en nuestras vidas. Un artista no es necesariamente un tipo o tipa que viste diferente y se comporta de manera excéntrica y atormentada, para mí, un artista es aquel que ve donde otros miran y mira para que otros lo puedan ver. El arte no sólo se localiza en los museos, afortunadamente la sociedad va absorbiendo y aplicando el trabajo y estudio que muchos artistas han realizado durante sus vidas para aplicarlo en diferentes escenarios. La funcionalidad no está reñida con la estética, todo lo contrario, ese equilibrio es indiscutiblemente necesario. Pongamos por ejemplo el Hospital Doctor Negrín, donde me encuentro actualmente ingresado. Es curioso que una persona tan aprensiva como yo, se encuentre tan tranquilo postrado en una cama. Reflexionemos sobre ello, estoy seguro que uno de los motivos de mi buen estado de ánimo se debe en gran medida a que las persona encargadas de diseñar este edificio, estudiaron de manera muy especial aspectos tan importantes como la luz, espacios, materiales, colores… transformando un lugar como han sido tradicionalmente los hospitales, fríos e impersonales, en un espacio agradable con cierta calidez de hogar. Podríamos profundizar en las diferentes disciplinas del arte que han intervenido para que un hospital sufra semejante transformación, pero quiero resaltar una tan sencilla e importante como es la cromática, el color y en consecuencia la pintura. El color es algo que tiene mucha más importancia de lo que mucha gente piensa, en nuestras vidas, el color forma parte de una manera determinante. El color nos produce muchas sensaciones, sentimientos, diferentes estados de ánimo, nos transmite mensajes, nos expresa valores, situaciones, incluso se emplea como terapia, el verde por ejemplo es un color sedativo, reposa y fortifica la vista y disminuye la tensión sanguínea.
Creo que el color es el vestido de la vida, y muchos de los costureros actuales son daltónicos crónicos, por lo que les invito desde esta editorial a todos los responsables de vestir nuestras vidas (ambulatorios, calles, talleres, colegios, oficinas, edificios , lugares de trabajo, parques, plazas etc…) ha comprar botes de pintura, brochas y asesorarse por un profesional con conocimientos teóricos y prácticos del uso del color, les aseguro que será un dinero bien invertido.
En cuanto me den el alta me voy a oler Lanzarote.
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Y tú, ¿qué quieres ser de mayor? Le preguntaba una señora despeinando la cabeza a un chinijo enrollado a la pierna de su madre. El niño se quedó mirándola en silencio de igual manera que las vacas lo hacen al tren. Tras varios segundos, la madre interrumpió hábilmente esa respuesta muda atrayendo nuevamente la mirada de la señora, el niño desde abajo, seguía contemplándola. Disfruté de esa situación y en especial de ese silencio. Probablemente la señora esperaba oír: bombero, médico, policía... pero esto, son únicamente profesiones. Cuando eres mayor puedes ser muchísimas cosas, puedes ser simpático, gordo, sensible, viajero, calvo, equilibrado, orgulloso, luchador, bobo, valiente, generoso o sencillamente ninguna de ellas. La pregunta no es tan inocente como parece, son ese tipo de cosas las que sin darnos cuenta van calando y moldeando nuestras vidas, ¿no les parece curioso que a la gente le interese infinitamente más saber “a que te dedicas” a saber cómo eres?. Cuando se habla de una vida exitosa casi siempre se habla en terminos económicos o profesionales. Para empezar, pienso que se debería admirar más la profesionalidad que la profesión, y más el capital humano que el económico. A mí, particularmente me preocupa que estas cosas no preocupen, sabiendo que para muchas personas no alcanzar este tipo de objetivos materiales, supone su más profunda infelicidad.
Muchos de nuestros héroes actuales son idiotas profundos, que no saben volar y sólo piensan en salvarse a si mismos. Entre nuestros iconos destacan depredadores engominados, tele–famosetes, ilustres tontainas o fut–modelos.
Es significativo que la mayor manifestación de orgullo que embarga a un país es cuando su selección vence a su rival, nadie se pavonea con orgullo en un bar, cerveza en mano, del número de científicos, artístas, organizaciones humanitarias, donantes, politicas medioambientales, justicia o población solidaria, sana y feliz con los que cuenta su país. Si partimos de valores y referentes huecos tendremos una vida hueca. Yo particularmente admiro a todas aquellas personas que disfrutan y saborean la vida a través de la naturaleza, la cultura, la amistad y la creatividad, en todas sus formas y variantes. Por cierto... a mí de mayor me gustaría ser más joven.
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Estoy muy jodido, acabo de ver como dos chinijos de apenas ocho años llevan desde los seis cosiendo ropa encerrados en una pequeña habitación, he visto como a unas schinijitas de apenas nueve años las obligaban a prostituirse e incluso como pagaban 150 euros por la compra de una de ellas. No estoy delirando, por increible que parezca es cierto, lo acabo de ver y esto está ocurriendo en este preciso instante. Me imagino que el mismo estupor, indignación y rabia que he sentido yo lo están sintiendo ustedes al leer esto, espero que sea el mismo estupor, indignación y rabia sabiendo que estos chinijos se encuentran a miles de kilómetros de aquí, y que todo esto lo he visto a través de un documental. Cuando ves cosas así te das cuenta que el ser humano está roto. Últimamente se habla mucho de la solidaridad, sinceramente pienso que es un termino excesivamente manoseado y que ha perdido su significado real. La solidaridad se puede ejercer de manera anónima y con pequeñas cosas. Solidaridad no es sólo ingresar un dinero en un número de cuenta, ni sentirnos mal por vivir bien, la solidaridad es reflexionar y pensar, pensar que todos en la medida de nuestras posibidades podemos hacer un poco “algo” para cambiar un poco “algo”. Solidaridad también puede ser parar en un paso de cebra, escuchar en vez de oír u observar en vez de mirar. El ser humano debería ser menos “ser” y más “humano”. Increíblemente hemos creado sistemas de medición para todo, medimos la temperatura, la potencia, la inflación, la inteligencia... pero no tenemos una sola fórmula para medir la injusticia. Soy consciente de que cada cual escala esos valores a su situación y circunstancia, pero de lo que estoy hablando es de cotas de crueldad que van en contra del más básico instinto natural. Quizá nuestra conciencia haya desarrollado un sistema de defensa capaz de pulverizar este tipo de realidades. Yo he de reconocer y me avergüenzo por ello, que siempre que publican la escalofriante cifra que el hambre se cobra en el mundo me quedo petrificado como si fuera la primera noticia que tengo. El problema es que nunca retengo esa macabra cifra hasta la siguiente ocasión en que la conozco y vuelvo a quedarme petrificado... pero eso no está bien. Puede que pintar un cuadro, escribir una poesía u observar un pez bajo el agua no libere al mundo de estas injusticias, pero quizás ayuda a desarrollar una sensibilidad necesaria para intentarlo. Creo que saben de lo que estoy hablando. Posiblemente este no sea un gran editorial, pero necesitaba contarselo a alguien.
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Es sorprendente lo mucho que uno aprende cuando viaja. Cuando visitas una gran ciudad puedes aprender los pros y contras que una metrópoli alberga, y como estas dos caras de la moneda conviven en un marco creado puramente por el desarrollo de nuestra sociedad. Este pasado mes anduve unos días por Madrid, en poco tiempo puedes comprobar como en una gran ciudad las personas nos convertimos en individuos. Eso es bueno y malo, puedes ir por la calle con una zanahoria en la nariz y no generar un murmullo a tu paso, ahora bien, si tropiezas y caes probablemente no recibas una mano que te levante. He aprendido que sólo la ciudad en sí, constituye una enorme sala de exposiciones donde obras magníficas y mediocres comparten un mismo escenario.
En un trayecto en metro te das cuenta de que no todos estamos allí por el mismo motivo, es un momento mágico donde aprovechando la indiferencia de los usuarios puedes descansar la mirada sobre ellos. Allí ves al tipo que regresa de una larga jornada de trabajo, al que ha quedado con su novia, quién a ido de compras, el que vuelve de jugar un partido de baloncesto, y a quién tuvo que dejar a toda su familia a miles de kilometros de distancia de ese vagón. Os puedo asegurar que esos ojos brillan de manera especial, es en ese momento, cuando aprendes a diferenciar un tipo de viaje de otro. Pienso que eso lo deberíamos tener mucho más presente antes de justificar nuestros reparos hacia ese tipo de viajero. Cuando sales del subsuelo aprendes lo agradable que es la luz natural y disfrutas de no ver ninguna cara conocida, ese anonimato genera una extraña sensación de confort que se desbanece cuando alguien tropieza contigo y continua su camino sin disculparse. En una ciudad tan grande comprendes que somos muy pequeños y que la simbiosis con la urbe es desproporcionada e injusta, pero por otro lado sirve para lubrificar la creatividad y agudizar el ingenio. Es por esto que yo siempro animo a la gente a que viaje, el cerebro graba esa experiencia en un lugar indestructible de la memoria y con el paso del tiempo incluso lo redecora y endulza.
Cuando descubres la amplia oferta cultural y artística, aprendes a comprender su impotancia para una sociedad, por eso pienso que lo bueno de una gran ciudad es poder usarla cuando y como uno quiera, y no dejar que ella decida por ti.
En esas idas y venidas, he aprendido muchas cosas... entre ellas a buscar el mar. En cuanto pueda, volveré a volver.
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Son las 3:30 de la madrugada y tras una copiosa cena mi sistema digestivo se ha ido a dormir antes que yo, y puesto que parece que no quiere despertarse para trabajar, aprovecho la tranquilidad de la noche para acudir a mi cita bimestral con nuestra editorial.
Bueno, bueno… parece que el 2007 da sus últimos coletazos, y a las puertas del 2008 toca reflexionar, analizar y evaluar el año recorrido. Lo primero que me sorprende del 2007 es la rapidez con que ha pasado, ¡da vértigo! Recuerdo cuando un año duraba 1.000 días, claro que eso era cuando yo era chinijo, ahora, los años apenas tienen sabor a meses y esto confieso que me aterra profundamente. Tengo la sensación que el tiempo es una de esas pocas cosas sobre la que no mandamos, y nos es imposible medir: un minuto nunca tiene 60 segundos, un minuto de dolor de muelas no dura lo mismo que un beso de un minuto, ni una hora de espera de una llamada dura lo mismo que la llamada de una hora de quien esperas, ni un día sólo a un día de soledad, y así podríamos seguir hasta completar un año o, tal vez, toda una vida.
El tiempo es algo que me fascina, sobre todo, cuando no lo tengo. Todos en alguna ocasión lo hemos desaprovechado y eso es algo de lo que lamentarse, pero hágase en su justa medida dado que de lo contrario incurriríamos paradójicamente en el mismo error.
Escribo esto porque el proyecto y materialización de esta revista ha supuesto la inversión de muchísimo tiempo por parte de quienes la realizamos, pienso sinceramente que es un tiempo bien invertido a juzgar por la buena acogida que ha tenido la publicación entre los lectores. Si con estos tres números hemos contribuido a fomentar, sensibilizar y despertar el interés por el mar y el arte en todas sus variantes nos daremos por satisfechos y podremos decir que el 2007 ha sido un buen año.
Esperamos que el 2008 sea un año donde nuestros protagonistas, el mar y el arte, gocen de buena salud. Una cosa más, NU2 es una publicación viva y abierta, por lo que quisiéramos moldearla a su gusto, para ello pueden escribir sus sugerencias, aportaciones y críticas a nu2@nu2.es y de esta manera podamos arrancar el 2008 con un número hecho a medida.
Me voy a dormir, espero que mañana cuando despierte no haya pasado un año.
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Siempre me he preguntado que factores son los que nos llevan a elegir una cosa u otra, si son externos o innatos a la persona.
Pongamos por ejemplo los tomates y su curiosa transformación física en los últimos años: Poco a poco han ido adoptando un aspecto clónico, rojo uniforme –casi fosforito-, idéntico diámetro y una piel tan sometida a cirugía que de tan perfecta no parece ni comestible. Lo cierto es que su aspecto rejuvenecido ha sido directamente proporcional a la perdida de su sabor -vamos, ¡que no saben a tomate!-. Y he aquí mi duda: ¿somos los consumidores quienes inicialmente demandamos el precioso tomate insípido, sustituyendo al sabroso y deformado de toda la vida, o por el contrario nos fueron acostumbrando a ellos obedeciendo a las nuevas estrategias de mercado y marketing?. Otro ejemplo, yo suelo "presumir" de no consumir telebasura, no porque intelectualmente esté dotado de una sensibilidad especial. Es mucho más sencillo: si me sentara 15 minutos frente al televisor estoy convencido de que me engancharía. Otra vez la duda, ¿somos los consumidores quienes originalmente demandamos programas en donde unos personajillos de plástico se ladran mutuamente o por el contrario son las productoras las que han ido sustituyendo una programación creativa y educativa por otra barata y analfabeta?.
Mis dudas se han despejado, tengo claro que la gente prefiere comer un sabroso tomate y disfrutar de un buen documental.
Con la aparición de los últimos proyectos culturales se pone de manifiesto que el arte, la cultura y el deporte son "productos" saludables para conformar una sociedad sana. Así pues, quiero agradecer a quienes con su aportación han colaborado en la sección "MARTE", realizando una apuesta firme por el arte en Canarias.
No podría despedirme sin hacer mención al fenómeno conejero en el panorama náutico: la presencia en el escenario mundial por parte de nuestros deportistas no hace sino constatar el potencial humano con que cuentan estas islas. Islas que por otra parte y entre todos, debemos situarlas en el lugar que se merece, distanciándolas ya de una vez por todas de la aburrida fórmula de sol y playa.
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Durante nueve meses maceramos rodeados de un 100% de agua, al nacer, nuestro cuerpo está formado por un 80% de agua, crecemos en un planeta donde el 70% de la superficie es agua y vivimos en un lugar donde el 100% de su perímetro es agua.
Sabiendo esto, a nadie debería extrañar la pasión que muchos sentimos por el mar, porque, en definitiva, cuando nos sumergimos en él es como volver a casa.Supongo que para cada uno el mar adquiere un significado diferente, depende de la relación que te haya tocado compartir con él. Para unos puede ser sinónimo de soledad, prosperidad, aislamiento, esperanza, diversión, riesgo, aventura, progreso... y para otros, todo lo contrario. Una cosa es cierta, el mar da tanto como arrebata.
Lanzarote es probablemente uno de los lugares donde el mar ha variado más su significado en los últimos años. Hace no mucho contaba con una gran flota pesquera, el motivo por el que esos hombres de gofio y vino embarcaban dista mucho de lo que hoy nos reúne a la mayoría de nosotros en las mismas aguas. Pero en definitiva todo es mar, la mar. La repudias o la amas, no te deja indiferente y si tiene oportunidad de seducirte, ya nunca la olvidas. Es por ello por lo que pensamos que bien merecía una publicación, una publicación donde la protagonista exclusiva fuera ella.
El nacimiento de NU2 no es el resultado de una idea, es el fruto de una reflexión. No está planteada con una finalidad puramente empresarial, pretendemos crear con ella una herramienta que sirva de amplificador para las diferentes actividades que en Lanzarote se desarrollan.
Nos consta el esfuerzo que tanto personas anónimas como agrupaciones realizan por mostrar una cara más bella de la isla, por lo que creemos que todo el potencial humano con el que cuenta esta isla debe tener un lugar: aquí convivirán estrechamente mar y arte, pretendiendo que vayan de la mano y creando un espacio donde puedan participar tanto aficionados como profesionales.
Tenemos que resaltar que la consolidación de un proyecto de esta índole pasa necesariamente por la participación, colaboración y compromiso de empresas e instituciones, así como de todos los particulares vinculados con el mar y el arte.
Sólo nos queda mostrar nuestro agradecimiento de manera sincera a todas las personas que han participado en este primer número por su interés y colaboración, haciendo una mención especial a nuestro amigo y compañero Paco Curbelo.
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