Construir una playa
Nuestra empresa se ha dedicado desde siempre al tema de la construcción. Muy recomendados y solicitados, nos hicimos conocidos con el encargo diario de los amaneceres y las puestas de sol, modestia aparte nos quedan que parecen pintados, pero lo que de verdad se nos da de lujo son las playas.
Playas de todo tipo, desde acantilados de roca a las que aparecen en la foto de una guía de vacaciones con la palmera acostada y todo. Claro que no cualquiera sabe cómo hacerlo sin que parezca un decorado.
Para cualquier otro proyecto es importante escoger bien el lugar. En cambio, a la hora de construir una playa, casi cualquier terreno sirve ya que mientras construimos la playa, cuando coloquemos el mar, este llegará siempre hasta el horizonte. Si la playa se ubica en la costa de un continente es aconsejable que se haga previamente un contrato cerrado con los interesados, delimitado por metros, que luego son unos listos y te quieren hacer montón de cambios en una playa que parece que no tiene fin. Ahora bien, si la playa se pone en una isla es más fácil porque siempre terminará donde empieza.
Se recomienda construir la playa durante el día para estar seguros de cómo está quedando. Trabajando de noche, por meter horas extra y terminar antes, al volver a la obra al día siguiente no nos ha gustado y hemos tenido que volver a empezar. Lo bueno de las playas de noche es que las sombras disimulan mucho los fallos y un cielo despejado lleno de estrellas viste mucho, además cerca del horizonte pones previo acuerdo e invirtiendo una pequeña cantidad, una luna llena que reflejada en el mar ya ni te cuento.
Dependiendo de la orientación se pueden hacer playas del norte o del sur, aunque nos parece que quedan mejor aquellas que cuando te colocas en la orilla el sol sale por tu izquierda y se pone por la derecha. Se puede construir en otra orientación para que quede centrada la puesta de sol pero durante el día te estaría dando el sol siempre en el cogote.
En las playas de arena negra te pones más moreno, pero hay que hacerlas primero de callaos grandes, después quitar los callaos y poner callaos pequeños y tardas mucho más. A nosotros personalmente nos gustan más las de jable que tenga una cantidad moderada de conchitas. No hay que escatimar con la arena para que cuando suba la marea no suba rápido y te moje la toalla, y no convierta toda la playa en una marisma de agua caliente que al cruzarla se escurre el fango entre los dedos de los pies como churritos.
Al principio se extiende muy liso un océano con unos brillitos de mediodía azul vivo, menos cuando esté nublado que tirará más a gris, como de espejo plomizo; mejor si es Atlántico, fresquito y salado, sin mucha profundidad de momento. La lámina de agua se coloca que llegue desde el fondo hasta donde rompe la espuma de la ola, hay que calcular la bajamar, la pleamar y las mareas vivas para que no nos vayamos a quedar sin agua, ya no por la caminata, hasta que nos llegue el agua por la rodilla, sino porque tendríamos que llamar a un par de cubas y se perdería todo un día.
Colocaremos unas piedras para las lapas, los “burgaos” y algún pulpo atrevido. Una parte dedicada a los erizos y las sombras que asustan cuando flotando miras para abajo.
De vez en cuando la marea juega a danzar boyas o palos, y si llegaran botellas con mensajes, el texto vendrá en tipografía “Aldine 401 BT” cuerpo doce, justificado a la izquierda y pasados por auto corrector.
Incluimos: peces, siempre con escamas, algas y cangrejos, pero no aguavivas ni medusas. Casi al terminar es cuando se ponen, si el cliente quiere, las gaviotas para que no molesten o por lo menos para que durante la obra no les roben los bocadillos de las mochilas a los obreros.
Importante: cuando entregamos el trabajo nos gusta recomendar que las playas con poquita gente quedan siempre más bonitas.
Ilustración: Atchen Pounapal