Teclas blancas, teclas negras

Luis Miguel Coloma

Una sonrisa tendida ante sus manos y el embrujo hace brotar sonidos con un roce sutil de su piel discontinua. Entre notas y silencios se extiende un hábitat inexplorado. Entre un segundo y el siguiente hay vida. Las emociones transitan esa atmósfera etérea. Entre palabras y silencios, miradas. Un espacio sin contornos, de tiempo elástico y significado ambiguo. Entre luz y oscuridad, sombras.
Entre un sí y un no, un invierno entero. La incertidumbre te arropa, la expectativa te protege. La duda te acaricia el pelo y el sueño te mece hasta hacerte olvidar que esperabas la siguiente palabra. Ya no te importa. En el silencio no funcionan los relojes. En la oscuridad, una infinidad de pequeñas lucecitas centelleantes ahuyentan el miedo. Entre la presencia y la ausencia, existes.
Entre la nada y un algo se extiende un vasto territorio sin senderos. Umbrío, incierto. No existen mapas. No funcionan en él las brújulas. Una niebla densa y persistente te hace perder de vista las orillas. Te quedas transitando para siempre una sombra infinita. Y, de cuando en cuando, una certidumbre emerge del lago oscuro con su cuello de monstruo antediluviano.
Entre el blanco y el negro se despliega el arcoíris. Entre el sí y el no, un silencio imperturbable. La certeza se abre de par en par y te invita a cruzar el umbral. El gris no es triste, es plural. Contiene las respuestas. Entre el blanco y el negro, el tiempo. Entre el día y la noche, tú.
Entre el tú y el yo, el nosotros y el nadie. El silencio no es un hábitat. Es tránsito, es frontera. Entre contrarios el espacio es indeciso y el tiempo, discontinuo. No hay verdad ni mentira, ni siquiera palabras. Solo miradas. Entre el nosotros y el nadie, el ninguno. O el alguien. La duda, siempre clandestina y canalla.
Entre el día y la noche, unas cuantas horas aguantan tensas la distancia entre imanes. Unidos, no existiría el tiempo. Cuando el sí y el no se encuentran, se desvanecen la sensualidad y el juego. Si la luz y la oscuridad chocan, el universo se comprime y se asfixia. Cuando el nosotros y el nadie se encuentran, tú y yo sobramos.