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MARTE

LOS NADIES

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Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata. 

Foto: Juanmi Alemany     Texto: Eduardo Galeano


el último gondolero

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Cuando amanece, una muchedumbre inunda las callejuelas entre los canales, durante el día repletos de barcazas, lanchas y vaporettos, llevando aquí y allá mil mercaderías, aprovechando las primeras horas de la jornada.
Turistas reemplazan a más turistas sin dar descanso a la Sereníssima…

Es Carnaval en Venecia… ya las máscaras se han marchado. Acabó su lento pasear mostrando ante nuestros ojos lujosos diseños por San Marcos y La Piazzeta. Muy poco más es lo que queda de la antigua idiosincrasia veneciana, de su orgulloso pasado; pero a esta hora, la estresante jornada parece ser solo un espejismo, un mal sueño.

Al caer la tarde, la marea agita las negras quillas de las góndolas en sus amarres y el último gondolero devuelve a la ciudad de los Dux su preciada calma.
Foto y texto: Javier Alonso


Viaje de la playa

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La playa de El Médano no es distinta de muchas otras. Un lugar que la gente recorre de muy diferentes formas: de principio a fin, una o repetidas veces, en compañía o en la soledad. El viajero de la playa se cruza con otros que caminan en dirección contraria, o les  adelanta y también es adelantado si van en la misma dirección. Unos recorren el itinerario lejos de donde rompe el agua, otros prefieren desplazarse dentro del mar. En esos momentos el escenario es sólo un marco para las cavilaciones. No hay otro lugar en el que el pensamiento se despliegue con mayor intensidad: el sol rabioso, la persistencia del mar deslizándose sobre la arena, el flujo de la gente... todo eso posibilita el viaje. Y ese viaje es únicamente una pequeña metáfora de lo que es el del curso de la vida: desplazarse, cruzarse con desconocidos, entablar conversaciones, soñar, respirar. Sólo eso. 

Tenerife, noviembre de 2012

Foto y texto: Carlos A. Schwartz


Orillando

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Esta fotografía quiere ser homenaje a una de las más importantes tradiciones de los/as isleños/as. Apenas nacemos, nuestros progenitores nos muestran el mar y nos mojan los pies en la orilla como auténtica ceremonia identitaria. 
De tal modo, el resto de nuestras vidas queda marcado por ese lugar que representa el límite y frontera, la isla interior. El paisaje de la orilla, al que siempre retornamos, lejos de azorarnos, nos aporta una conciencia viajera y soñadora.

Foto y texto: Rafael Hierro
www.flickr.com/photos/rafael_hierro_rivero
epekeina.blogspot.com.es


PARA VER UNA KODAK MARINA DE VÍiCTOR SOCAS

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Una imagen vale según sea la riqueza de sus resonancias, según sea el espesor de sus lecturas, según sea el nivel de sus interpretaciones. 
Lo primero que veo de esta imagen, lo primero que veo con el ojo, lo primero que asalta mi mirada, la primera lectura, la retiniana, es esta: 
1)Unas barcas varadas en la marea baja. 
2)La presencia del azul en todo: en el agua, en las barcas, en las prendas de los marineros, en el reflejo de las aguas… El azul en todo el azul. El azulejo marino de El Charco de Arrecife.
Y 3)El torso desnudo de un marinero sin rostro en el centro de la imagen, sobre un barca cuyo delicado nombre es “La princesita”.
En una segunda lectura– que llega a intercalarse con la primera– ya no veo sólo con mis ojos, sino desde la Cultura. “Cuanto más se sabe – escribió una vez Julián Ríos– más se ve”.
Entonces acude a mi mente la célebre fotografía de Albert Stieglitz, aquella donde aparece un pasajero tocado con un sombrero blanco en medio de una anodina multitud en el interior de un barco. Ese efecto, esa llamada, ese detalle imantador( ¿el “punctum” de Roland Barthes?) se reproduce en esta fotografía de Víctor Socas: aquí ese eje de atención es ese torso desnudo del marino. Ese torso es el punto de concentración de las fuerzas internas de la imagen. Prueben a borrarlo y verán que la imagen pierde su fuerza y se convierte en una anecdótica estampa banal. Ese torso sin rostro de un marinero conejero es también el torso de un marinero griego. Y es también el torso de un modelo para esculpir un broncíneo Poseidón, un dios griego para un culto secreto. Esta estampa marina de Lanzarote también es –puede ser– una estampa mediterránea desde que el héroe lancelótico del poeta Agustín Espinosa homerizó y mediterranizó para siempre esta isla. 
Estas resonancias, estas lecturas, estas interpretaciones caben en esta fotografía, en esta kodak de Víctor Socas.

Foto: Victor Socas Texto: Melchor López Pérez


Unlimited,2010

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La primera vez que te vi estabas sentada en la orilla, dibujando alfabetos en la arena mojada. Olía a algas. A aire borracho de atunes. A paz horizontal. Se nos juntaron las soledades en una playa de Sendai, y desde entonces les consentimos maniobrar a su antojo. Siempre ocurría en primavera. Yo volaba y tú me recibías. Hasta que llegó la excepción y el frío. El ruido sobrecogedor. La noticia y el hielo. No hubo tren, ni desfile de cerezos. El océano se quebró, y cambiaron las dimensiones conocidas. Te borraste con los demás, y recibí ese nuevo tiempo con la sensación de que la costa se había convertido en lodo, y yo en escoria.
Pasaron los meses. Y después de Fukushima, volví a Sendai. A la costa donde empezó y terminó todo. Llevaba un café en un vaso de cartón, y quise derramarlo sobre la arena para llenar el vacío con una fragancia diferente, industrial. No surtió efecto. El viento me regañó en la cara y me obligó a mirar al frente: hacia el horizonte de agua.
Horas después, el agua borró el hoyo que había hecho mientras lloraba. 

Foto: Natividad Betancor Texto: M.j. Tabar


MOTOR 1 EN LA SALA DE MÁAQUINAS DEL CRUCERO GRAND MISTRAL

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Una vez escuché una visión de un isleño que me inspiró: el mar no es un límite sino múltiples puertas abiertas. Esa visión de aventura, de descubrimiento y de valentía quita vendas y libera de la presión de una isla. La idea de conquistar nuevos mundos, adaptado a la contemporaneidad y a la industria del turismo, es la que influye en el turismo de cruceros. Pero este turista no suele ser aventurero. Está cómodo en su camarote de lujo, come y bebe a todas horas, amanece en cada puerto para tener una minidosis de experiencia de viaje sin los temores del viaje, sin arriesgarse a descubrir la cultura gastronómica del lugar, las gentes locales en su justa medida, y visita únicamente los escenarios turísticos. Eso sí, todo con un estricto horario que le impide aventurarse por su cuenta, no sea que el barco zarpe y le deje en tierra a mercé de la vida local. Esta visita fugaz a los puertos es una "visita de la suegra", como diría mi madre si hablásemos de limpieza.
El mar no es un límite, pero tampoco a bordo de un crucero es una aventura. No deja de ser otro ejemplo más de la maquinaria del turismo global.

Foto y texto: Rubén Acosta


Mar contaminado

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¡No pasa nada! … Todo acaba por disolverse en el agua. Es verdad, es cuestión de tiempo que esto ocurra, aunque hay sustancias que tardan más que otras en hacerlo (la mayoría muchísimo). Pero no desaparecen, sólo se mezclan, se diluyen. 
Por lo visto, el plástico vertido al mar se descompone en partículas de tamaños microscópicos, que luego son ingeridos por los peces que más tarde comemos nosotros. Así que, si arrojase una botella de plástico en la playa, posiblemente acabaría comiéndome su plástico a través de un pescado fresco servido en un restaurante de la misma playa, o de cualquier otra playa. Utilizando un símil fotográfico como ejemplo: supongamos que elaborando un revelador para una película fotográfica, cuyo fabricante indica una solución de 1+4 (1 parte de revelador puro más 4 partes de agua), decido una mezcla de 1+32, mucho más diluida. Bien, esta solución probablemente no llegue a revelar bien la película, pero si me la bebiera acabaría igual de muerto que si me hubiera bebido la primera solución. Quizás más despacio, pero con idéntico final. 
Lo mismo pasa con el mar, con todos los mares del mundo. Existen mares más contaminados que otros, pero en mayor o en menor medida todos ellos padecen algún tipo de contaminación. Entonces… ¿qué parte de tu mar está contaminado? ¿Será esa parte, la que está lejos de la costa, contaminada por óleos de barcos y petroleros? ¿Estará aún más lejos y más profundo, en los abismos donde el mar está contaminado por residuos nucleares? ¿O quizás, en la orilla de la playa repleta de colillas de cigarrillos y plásticos? Ahí donde parece que el mar intenta inútilmente vomitar toda la basura con las mareas altas y con ese olor que resulta de la mezcla del gasoil de los barcos y las cremas de los bañistas. Todo se disuelve sí, a la vez que se extiende. 

Foto y texto: Pepe Vera






EFECTO ACUARELA

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En ocasiones las morenas, esos peces con forma de serpiente, permiten al fotógrafo acercamientos y encuadres diferentes. Al contrario que cualquier otro pez, siempre las observamos dentro de grietas donde encuentran refugio y protección. Las islas Canarias por su condición volcánica ofrece infinidad de grietas y cuevas donde en ocasiones observamos un fenómeno de Afloramiento. Aguas que presentan diferentes densidades y que asciende hacía cotas menos profunda por grietas o fisuras en el lecho marino. Este fenómeno genera un área desenfocada allí donde se produce. Efecto acuarela consigue congelar en un fotograma pinceladas de colores para recrear una mezcla entre acuarela y fotografía altamente llamativa.
La foto de un ejemplar de Muraena augusti fue tomada en Playa Chica (Lanzarote) a 10 m de profundidad con una Sony Alpha 700, Minolta 50 f3,5 macro en caja Ikelite y flashes Subtronic. Parámetros f10 1/125 Iso 200.

Foto y texto: Rafael Mesa







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